BIOGRAFÍA

Nacido en Osorno el 11 de Diciembre del 1944. Sus primeros estudios los cursó en su ciudad natal, donde muy precozmente dio las primeras muestras de su futuro talento, tanto así que, sus mejores notas se destacaban en las Artes Plásticas. Genéticamente, el arte corría por la sangre de su madre, que tenía hermanos y primos dedicados a este oficio. El más destacado fue sin duda su tío Raúl Ulloa Burgos.

Caleta de Angelmó. Puerto Montt. Óleo sobre tela. 50×70 cm.

Su infancia transcurrió entre la ciudad y el campo, algo que contribuyó para desarrollar su instinto de observar la naturaleza, en toda su magnificencia. Todo esto le ha servido en su trayectoria para plasmar con mucho verismo lo hermoso del paisaje chileno.

La bolsa de plástico, Óleo sobre tela.
60×90 cm.

Después de desarrollar múltiples oficios desde muy joven, por ser el mayor de nueve hermanos; para poder ayudar en la manutención familiar, pudo superar la miseria que siempre rondó su entorno. Con esfuerzo se abrió un espacio en la jungla del subdesarrollo cultural que lo rodeaba, eligiendo el difícil oficio de vivir para y por el arte. Siendo un niño muy enfermizo, alternaba sus estudios con el trabajo, y también su inquietud por el dibujo al que le dedicaba todo el tiempo que podía, alentado por su madre, quien fue la que le inculcó el entusiasmo por la pintura, a escondidas del padre, quien nunca vio con buenos ojos que su hijo mayor perdiese el tiempo dibujando en vez de trabajar para el aporte familiar.

Autodidacta como artista y como hombre. Desde siempre ha ido en pos de una eterna búsqueda pictórica que pueda llevarlo al desarrollo de su propio estilo. Ha incursionado desde siempre en el paisaje –que el denomina realismo mágico-, destacándose además como marinista inspirado por la obra del gran maestro Thomas Somercales y toda la escuela inglesa. Bodegones, retratos, paisajes urbanos de Valparaíso y otras ciudades.

Velero en mar tormentoso, Óleo sobre tela en bastidor madera. 80×113 cm.

En sus ansias por conocer Chile, en 1966 se va a vivir a Isla de Pascua, donde encuentra finalmente la paz para dedicarse por entero a la pintura. Permanece allí por cuatro años. Pintó un gran número de excelentes obras, paisajes, personajes y costumbres de la isla. Todas fueron adquiridas por los turistas que en gran número llegaban a visitar su casa-taller. Allí pudo encontrar algo de esa búsqueda eterna, lo que ha permitido una madurez cromática que ha enriquecido su quehacer artístico.